Tailandia congela todas las aprobaciones de centros de datos hasta tener un marco regulatorio único

El gobierno tailandés admite que carece de información clara sobre las instalaciones que ya operan en su territorio y detiene las aprobaciones mientras redacta reglas unificadas.

El Consejo Nacional de Desarrollo Económico y Social de Tailandia detuvo todas las aprobaciones de construcción de centros de datos mientras elabora un marco regulatorio unificado para el sector. La justificación del propio organismo resulta más reveladora que la medida: el gobierno carece de información clara sobre las instalaciones que ya operan en el país.

Una pausa por falta de inventario

La decisión reconoce un vacío de gobernanza. Los permisos venían otorgándose por distintas vías administrativas, sin un registro central que consolidara consumo eléctrico, uso de agua, ubicación ni capacidad instalada. Sin ese inventario, el Estado negocia incentivos a ciegas.

El contexto regional explica la urgencia. Corea del Sur avanza con modelos soberanos de seguridad montados sobre 4,000 GPU Nvidia B200, y la china DeepSeek prepara la compra de más de 160,000 GPU Huawei para infraestructura de inferencia, un movimiento que confirma la preferencia china por proveedores domésticos. La demanda de cómputo en Asia-Pacífico crece más rápido que la capacidad regulatoria de los Estados que la reciben.

De política de promoción a política de ordenamiento

Atraer centros de datos funcionó durante años como una política de promoción de inversión: exenciones fiscales, zonas francas y facilidades de importación. La pausa tailandesa marca el punto en que esa lógica se agota y el asunto pasa a ordenamiento territorial, energético e hídrico.

Un centro de datos de escala compite por la misma red eléctrica que abastece a hogares e industria, y en muchos diseños de enfriamiento compite también por agua. Ninguna de esas dos variables aparece en un memorando de incentivos fiscales.

La lección para el Caribe

República Dominicana y sus vecinos compiten hoy por inversión en infraestructura digital con las mismas herramientas que Tailandia usó antes de frenar: incentivos, velocidad de permisos y conectividad submarina. El cruce al que llegó Tailandia espera al final de esa ruta.

La secuencia que evita el problema es directa. Levantar el registro de instalaciones existentes con su consumo eléctrico y de agua. Establecer el umbral de carga a partir del cual un proyecto requiere estudio de impacto sobre la red. Definir quién fiscaliza y con qué periodicidad. Y recién entonces firmar los incentivos.

Construir ese registro antes que el paquete fiscal es lo que separa una política industrial de un pasivo ambiental heredado por la próxima administración.

Fuente

The Register, 7 de septiembre de 2026