La policía ferroviaria británica escaneó 500,000 rostros y no acertó ninguno
Seis meses de piloto de reconocimiento facial en estaciones de Londres produjeron una sola alerta, que resultó incorrecta. El costo fue de 320,000 libras.
La British Transport Police, cuerpo policial a cargo de la red ferroviaria del Reino Unido, cerró seis meses de piloto de reconocimiento facial en estaciones de Londres con un resultado difícil de defender: más de 500,000 rostros escaneados, una sola alerta —que resultó incorrecta— y ninguna coincidencia válida.
Las cifras del piloto
El programa costó 320,000 libras esterlinas y consumió cerca de 100 horas de trabajo policial. No produjo un solo arresto. El sistema opera con la tecnología NeoFace M40 de la japonesa NEC y compara en tiempo real los rostros captados por las cámaras contra listas de vigilancia elaboradas por la policía.
Pese al resultado, el cuerpo extendió el piloto hasta noviembre y amplía el despliegue al metro de Londres, una red con volúmenes de tránsito mucho mayores que los de las estaciones donde se hizo la prueba.
La reacción de las organizaciones de privacidad
Jasleen Chaggar, de Big Brother Watch, declaró que las cifras serían risibles si no tuvieran implicaciones tan preocupantes, y calificó de insultante desperdiciar casi 100 horas y 320,000 libras de dinero público. Sarah Simms, de Privacy International, puso el acento en el otro lado de la ecuación: miles de personas tienen sus datos faciales altamente sensibles procesados en espacios públicos, a veces sin saberlo.
El punto que unifica ambas críticas es la asimetría entre lo que el sistema produce y lo que consume. El numerador —coincidencias correctas— es cero. El denominador —personas cuyos rasgos biométricos fueron procesados sin consentimiento explícito— supera el medio millón.
Lectura regional
En República Dominicana y en varias capitales latinoamericanas, la videovigilancia con reconocimiento facial aparece con frecuencia en los planes de seguridad ciudadana y en las licitaciones de transporte público. El caso británico no prueba que la tecnología no funcione; prueba que un despliegue puede sostenerse durante seis meses, ampliarse y renovar presupuesto sin haber demostrado un solo resultado.
La lección contractual es concreta y se aplica antes de instalar la primera cámara: fijar por escrito el indicador de éxito —tasa de coincidencias correctas, falsos positivos aceptables, arrestos atribuibles— y la fecha en que se evalúa. Sin esa cláusula, el proyecto termina defendiéndose con la métrica más fácil de exhibir, que es el volumen de rostros procesados, precisamente el dato que mide el costo en privacidad y no el beneficio en seguridad.
Fuente: The Register, «UK rail cops' £320K face-scanning spree nets zero matches», 30 de septiembre de 2026.