Malasia ordena cerrar la Network School de Balaji Srinivasan por temas de licencia

El gobierno malasio ordenó el cierre de la comunidad para emprendedores que Balaji Srinivasan concibió como el primer paso de un plan de siete etapas para fundar un país nuevo. El proyecto anunció un campus alternativo en Kazajistán.

El gobierno de Malasia ordenó el cierre de la Network School, la comunidad para emprendedores fundada por el inversionista Balaji Srinivasan. La medida responde a problemas de licenciamiento, según informó The Wall Street Journal.

Qué era el proyecto

La Network School se presentaba como «una comunidad de frontera para tecnooptimistas». Nació de la convicción de Srinivasan de que Estados Unidos atraviesa un declive irreversible, y su objetivo declarado ha sido «fundar un país nuevo».

El proyecto constituía la primera de siete etapas descritas en su libro The Network State, un plan para construir una sociedad alternativa que comienza con una comunidad digital, adquiere territorio de forma progresiva y termina buscando reconocimiento diplomático.

Instalada en un hotel abandonado en Malasia, el WSJ describió el programa como «en parte incubadora tecnológica, en parte retiro de autosuperación». Los asistentes se quejaron de habitaciones con moho, además de escasez de mujeres y de vida nocturna.

Tras recibir las preguntas del diario, Srinivasan —quien renunció a su ciudadanía estadounidense en 2023— publicó un texto extenso en X declarándose «orgulloso singapurense» y anticipando que el reportaje lo presentaría como «un bicho raro» en lugar de «un adoptante temprano». El proyecto ya anunció un acuerdo para un nuevo campus en Kazajistán.

Lectura de Tabuga Intelligence

El episodio tiene valor analítico que excede la anécdota, y toca directamente el debate sobre soberanía tecnológica.

El Estado territorial sigue siendo el punto de control. La tesis del Estado en red plantea que las comunidades digitales pueden acumular capital, coordinación y cohesión hasta ejercer funciones que hoy corresponden al Estado nación. El obstáculo que detuvo este experimento no fue ideológico ni tecnológico: fue una licencia administrativa. Un ministerio decidió que el establecimiento no cumplía requisitos y ordenó cerrarlo. La capacidad de una comunidad de operar físicamente sigue dependiendo de la jurisdicción que pisa.

La lección para economías pequeñas. Estos proyectos suelen buscar jurisdicciones con regulación flexible, costos bajos y apertura a la inversión extranjera. República Dominicana reúne varias de esas características y ha recibido acercamientos de iniciativas afines en el pasado. La pregunta útil para el sector público no es si conviene atraer capital tecnológico —conviene— sino qué marco de licenciamiento, supervisión laboral y protección al consumidor aplica cuando una comunidad extranjera se instala con vocación de permanencia y modelo de gobernanza propio.

La geografía del proyecto habla. El traslado a Kazajistán, después de Malasia, dibuja un patrón de arbitraje jurisdiccional. Cada mudanza implica empezar de cero en cumplimiento normativo, y cada país receptor hereda las preguntas que el anterior decidió no seguir tolerando. Para los gobiernos, el criterio de evaluación debería centrarse en la sustancia económica verificable —empleo formal, transferencia de conocimiento, encadenamiento con el tejido local— antes que en la narrativa de innovación que acompaña la propuesta.

Fuentes: TechCrunch (2 de agosto de 2026) · The Wall Street Journal