El Congreso de EE.UU. exige explicar por qué la ubicación de sus tropas sigue a la venta

El Pentágono desactivó los identificadores publicitarios en los teléfonos institucionales de cinco ramas y la información de geolocalización sigue disponible en el mercado de datos.

Senadores y representantes de Estados Unidos pidieron una investigación sobre un hecho que las contramedidas del Pentágono no han logrado revertir: los datos de ubicación que comercializan los corredores de datos siguen permitiendo rastrear a personal militar estadounidense.

La medida que se tomó y el resultado

El Departamento de Defensa desactivó los identificadores publicitarios móviles en los teléfonos institucionales del Ejército, la Fuerza Aérea, la Armada, el Cuerpo de Marines y el Comando de Operaciones Especiales. El identificador publicitario es la etiqueta que permite a las redes de anuncios seguir a un dispositivo entre aplicaciones.

La información de geolocalización de personal militar continúa apareciendo a la venta. El origen está en la telemetría que recogen las aplicaciones de uso cotidiano y las bibliotecas de publicidad incorporadas dentro de ellas, un flujo que corre por fuera del dispositivo institucional.

Dónde falla el control

Una política de dispositivos corporativos gobierna el equipo que entrega la organización. El dato de ubicación sale por el SDK de una aplicación personal instalada en el teléfono propio del empleado, que viaja al mismo edificio, a la misma base y al mismo horario.

El resultado agregado reconstruye patrones de movimiento con precisión operativa: turnos, rutas, instalaciones sensibles y desplazamientos fuera de lo habitual. La agregación funciona incluso cuando cada punto individual parece anodino.

La misma exposición, con menos presupuesto

Cualquier organización con personal sensible enfrenta este vector: directivos, equipos de seguridad física, operaciones financieras, negociadores. La diferencia con el caso militar está en el presupuesto de defensa, no en la naturaleza del problema.

Las contramedidas realistas se ordenan en tres capas. Primero, perfiles de trabajo separados en el dispositivo, de modo que las apps personales queden en un contenedor sin acceso a la señal corporativa. Segundo, un inventario de aplicaciones permitidas para el personal en funciones sensibles, con revisión de los permisos de ubicación que cada una solicita. Tercero, cláusulas contractuales que prohíban a las agencias de marketing y a los proveedores de medios revender la geolocalización derivada de las campañas propias de la empresa.

El expediente estadounidense también deja una señal regulatoria para la región: el mercado de corredores de datos opera con reglas que ningún país del Caribe ha examinado a fondo, y la información sobre residentes dominicanos circula por los mismos canales.

Fuente

The Register, 6 de septiembre de 2026